11 de septiembre de 2014

Nueve meses universitarios

El primer semestre se resumió en caótico, aunque no me di cuenta de ello hasta que había terminado. Los primeros días sola en el piso, en busca de una cafetería que ofreciera Wi-Fi; las jornadas de bienvenida para internacionales y alumnos en general, que resultaron excelentes; las primeras clases, con presentaciones y muchos nombres para recordar. El cambio de horario, los trámites como estudiante internacional, las palabras nuevas y no siempre conocidas. Disfruté cada uno de los días, pero ahora que lo veo en conjunto, como una etapa breve del pasado, me doy cuenta de lo liosos que fueron los primeros meses. 


El segundo semestre empezó con otro cambio grande: del doble grado en Historia y Periodismo a Periodismo sin más. Ya conocía a varios de la facultad, así que no fue difícil adaptarme, pero sí fue casi como empezar de nuevo. Eso sí, mi horario era mucho más cómodo y ya podía dedicarme a más actividades personales. Aunque llevaba el mismo número de asignaturas, el segundo semestre me pareció más difícil que el primero, pero también mucho más divertido y alegre. Luego llegaron los finales, y las ganas de volver a Guatemala, mi hogar, iban en aumento. 

Llegó el 14 de junio. Un viaje de 24 horas, y de nuevo frente a frente con todas las caras con las que crecí. Mi primer año de universidad me hizo madurar mucho, y también apreciar más a mi familia y amigos guatemaltecos. Pude compartirles más anécdotas e impresiones, esta vez en persona, no por una red social, y disfruté del verano tras un muy buen primer año.

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